sábado, 15 de agosto de 2015


“Seduce a la mujer; viola su cuerpo, no su historia”

  Fragmentos como estos extinguieron la macabra obra del ensayista colombiano José Maria Vargas Vila (1860-1933) quien siempre puso de manifiesto su odio hacia las mujeres, hasta pienso que si resucitara se volvería a morir al instante al ver el fenómeno de la literatura erótica como logro del movimiento feminista latinoamericano. Jamás sospecharía Vargas Vila  que muchas mujeres también podemos escribir sobre ese tema, así como calificar segùn nuestras experiencias (negativas o positivas) a los hombres, sin llegar a sus extremismos depravados que terminaron en la prohibición de su narrativa en varios paises.

  Hoy en día por suerte, hay veces en que el género erótico libera su cruz de literatura juzgada, marginada; y cada vez más muchos la diferencian de la vulgaridad.

  La literatura erótica es la metáfora del romanticismo auténtico que nada tiene que ver con lo salvaje, sino que en su generalidad abarca el amor con argumentos profundos y literarios.

  Las mujeres latinoamericanas, historicamente, y aun, hemos sido, y estamos excluidas por nuestra sociedad; entonces cuando agregamos la sensualidad en nuestros relatos por muy refinado que lo hagamos, debemos enfrentar en ocaciones problemas que apenas tendrían los escritores masculinos, como las duras críticas y la descriminación sexual.

  Pero cada día, incluso desde la revolución que causó Cincueta sombras de gray, el estigma de Vargas Vila se va esfumando inevitablemente.

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