“Seduce a la mujer; viola su cuerpo, no su
historia”
Fragmentos
como estos extinguieron la macabra obra del ensayista colombiano José Maria
Vargas Vila (1860-1933) quien siempre puso de manifiesto su odio hacia las
mujeres, hasta pienso que si resucitara se volvería a morir al instante al ver
el fenómeno de la literatura erótica como logro del movimiento feminista latinoamericano.
Jamás sospecharía Vargas Vila que muchas
mujeres también podemos escribir sobre ese tema, así como calificar segùn nuestras experiencias (negativas o positivas) a
los hombres, sin llegar a sus extremismos depravados que terminaron en la
prohibición de su narrativa en varios paises.
Hoy en
día por suerte, hay veces en que el género erótico libera su cruz de literatura
juzgada, marginada; y cada vez más muchos la diferencian de la vulgaridad.
La literatura erótica es la metáfora del
romanticismo auténtico que nada tiene que ver con lo salvaje, sino que en su
generalidad abarca el amor con argumentos profundos y literarios.
Las mujeres latinoamericanas, historicamente,
y aun, hemos sido, y estamos excluidas por nuestra sociedad; entonces cuando
agregamos la sensualidad en nuestros relatos por muy refinado que lo hagamos,
debemos enfrentar en ocaciones problemas que apenas tendrían los escritores masculinos,
como las duras críticas y la descriminación sexual.
Pero cada día, incluso desde la revolución
que causó Cincueta sombras de gray, el estigma de Vargas Vila se va esfumando
inevitablemente.
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